
Viajando hacia Salta nos cruzamos en plena ruta con los guías del viaje, por lo que los seguimos directo al hotel.
Nos agrupamos en el hotel, siendo 23 personas en 8 camionetas. 3 de Bs As, 1 de Rosario, 1 de Sta Fé, 1 de Mendoza, y los dos guías que transportaban como pasajeros sin vehículo propio a una Sra de Bs As y una chica española (catalana).
Para los que gustan de los fierros, la caravana estaba integrada por: 2 Toyota Hilux doble cabina (guías), Mazda pick up doble cab., 3 Toyota SW4 (una equipadísima), Jeep Cherokee Sport 4.0 (la nuestra), Toyota Hilux línea nueva doble cab. Todas diesel excepto nuestro Jeep.
Esa noche fuimos a una peña (La vieja estación) muy conocida, muy linda, rica comida, muy buen espectáculo, pero definitivamente demasiado folklore para mi… “Un pueblito aquiiií, otro más allaaá, y un camino largo que baja y se pierdeeee…”

Día 3 (14/01): Nos vamos despidiendo de Argentina...Salimos de Salta por un camino espectacular que poco tiene que envidiarle a los verdes caminos sinuosos de Costa Rica.

Dejamos de lado el verde para pasar a la aridez de Purmamarca donde almorzamos en un restaurant muy bonito..

Llegamos luego a Humahuaca, donde pululaban varios turistas, mayormente mochileros. En la Iglesia hay un reloj del que a determinada hora sale una imagen de un santo que se mueve. Aparentemente es uno de los tres relojes con figuras móviles del mundo (otro es el cucú de Villa Carlos Paz).
Aprendimos a diferenciar telares de oveja, llama, alpaca y vicuña.

Hacia el fin de la tarde llegamos a La Quiaca. Por ahora la altura no nos está afectando.
Día 4 (15/01): Día complicado...A la mañana temprano salimos cagando para llegar temprano a cruzar la frontera a Bolivia (La Quiaca-Villazón). Una serie de varios trámites para lograr salir del país y entrar a Bolivia con las camionetas. Me pareció un descontrol, pero no era nada comparado con otra frontera que vendría después.
Mientras esperábamos y pasábamos de una ventanilla a otra vimos el infinito pasar de personas de un lado al otro de la frontera por el puente “oficial” y otra cantidad importante pasando por el puente “paralelo”, sin mencionar los que pasaban por el río…
El colmo fue ver cómo un cerdo enorme cruzaba de Bolivia a Argentina por el puente oficial, sin hacer trámite alguno, y sin ser detenido por SENASA!!! (aclaro que el cerdo iba solo)

Una vez superada la frontera arrancamos lo que nos advirtieron sería el día más duro de la travesía, pero no imaginamos a qué punto.
Pasamos por los espectaculares túneles de Tupiza, cavados en la montaña con “ventanales” hacia un lado. Este día nos sorprendía con paisajes bolivianos impresionantes.

Y algunas "rarezas" como la formación rocosa conocida como "La Poronga" (con cartel indicador del nombre incluído). Definitivamente los bolivianos no dan muchas vueltas con los nombres...

Abandonado en asfalto encaramos durísimos caminos de tierra en las montañas, que se cobraron tres cubiertas (por suerte ninguna mía, a pesar de tener las que en peor condición estaban). Superamos pendientes importantes, hasta llegar a pasar los 4000 metros sobre el nivel del mar!! Incluso pasamos un tipo al costado del camino en medio de la nada, que según algunos estaba durmiendo y según otros estaba muerto. Luego seguimos el lecho de un río casi seco que nos depositaría en la ciudad de Atocha, donde sólo dos personas (mi esposa una de ellas) se le animaron al café del lugar. Es una ciudad minera acorralada entre el río y la montaña que parece salida de una historia irreal.

De ahí seguimos por el lecho seco del río y nuevamente caminos de tierra con dirección a Uyuni.
Todo iba bien hasta que sucedió lo que el guía dijo el primer día que no debía pasar… Una de las camionetas volcó. Justo la que iba delante de mí en la caravana. La tenía bastante lejos, pero ví como la estela de polvo normal se convertía en un remolino de tierra que se levantaba más allá de lo normal. En ese instante empecé a avisar por radio que había ocurrido un accidente mientras era el primero en llegar al lugar y verificar que la familia que viajaba allí estaba bien. De a poco los sacamos a todos y un par de camionetas los llevaron al hospital de Uyuni, mientras el resto nos quedamos organizando la recuperación y traslado de la camioneta volcada. A los pocos minutos pasó una camioneta boliviana que siguió de largo como si nada… unos turros.

Cuando ya habíamos puesto la Toyota sobre sus cuatro ruedas pasó la policía. Casi borrachos preguntaron qué pasó, les explicamos que ya estaba todo bajo control, y siguieron su camino para detenerse 40 metros más adelante y bajarse a mear…
Lo que iba a ser una llegada al espectacular Hotel de Sal a las 19:30 hs, se transformó en una interesante (para mi) experiencia que nos hizo llegar a Uyuni muy entrada la noche.
El dueño del hotel de Sal nos vino a buscar a Uyuni para guiarnos hacia el hotel que se encuentra en el borde del salar, ya que casi no existe un camino.
A poco de conducir en medio de la noche y en medio de la nada, a este hombre se le queda la camioneta y no pudo volverla a arrancar.
En este momento cantamos bingo, el tipo se pasó a una de las camionetas del grupo y nos llevó finalmente al espectacular hotel.

La familia accidentada emprendió al día siguiente su regreso aéreo a Bs As.
Una nota sobre el tema de ser el único naftero entre gasoleros: A mi entender hasta ahora son todas ventajas.
- No pierde potencia en la altura como los diesel.
- Le cuesta mucho menos las pendientes.
- No hay falta ni restricciones de venta de nafta, como si las hay de gasoil, donde en muchos lugares es difícil de encontrar o se vende una cantidad limitada por vehículo.
- En todas las cargas que realizamos, gasté en pesos la misma cantidad que las gasoleras para completar el tanque luego de recorrer los mismos kilómetros.